Una vez todo esto tuvo algo de sentido. Escribir—esconder un mensaje y esperar—, pequeñas cápsulas de cielo, de mente, de rabia y tinieblas. Alguna que otra vez lo hice adrede, aposta, queriendo. Elegía palabras macabras, de doble filo, las que más sangre pudieran hacer brotar, las urdía, las tejía y moldeaba, les daba una capa de corazón, de verdad, de justicia, de impotencia, de venganza y las esparcía, embadurnadas en verdad y mentiras, para que se convirtieran en lacerantes dagas que se clavaran bien por el pecho, por los ojos, por la espalda. Otras, en cambio, salieron disparadas, sin ser planificadas, manaban a borbotones desde lo más profundo de un alma triste y atormentada, atada a un destino, dolida, pobre de voluntad, loca de remate. Luego, cuando el calor de la obsesión pasó y el inevitable paso del tiempo puso las cosas en su sitio, del que no se han movido, trasmuté a simple cronista de cuentos. A rememorar miradas en la acera, silencios eternos en el hueco de un aula y besos de escalera. A plasmar en unas líneas los diez segundos de las más de las mil y una noches en la que me amaste en público, a nombre a descubierto, sin ambages, con todos los poros de tu cuerpo. Ahora son piedras que lanzo al vacío, voces que se gritan al oscuro universo en un eco eterno, una gota más en el océano inmenso, un sinsentido, un no-recuerdo. Perder el tiempo. Porque las palabras han dejado de ser balas de plata, más bien tienen un efecto narcótico de nostalgia. Pero si esto siguiera confundiendo, si aflorara algo al leerlo, si erizara el vello, si todavía no se me entiende, si se descifra lo que digo, si tuviera sentido seguir escribiendo esto, si no fuera una pérdida de tiempo, si constituyera un mecanismo de supervivencia al mismísimo olvido, una forma extraña de letargo, una comunicación con el más allá o con los seres del espacio…bueno, estaría bien saberlo.
Gregorio S. Díaz "Efecto narcótíco de nostalgia"
