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25 de marzo de 2026

Cuentos

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Consigo desgranarlas. Hacerlas interesantes, alegres y amargas. Partirlas y repetirlas. Modulando la voz, contarlas. Son miles de historias que traspaso de memoria, como si fuera un Homero en la Grecia oscura relatando en trance versos épicos con los que sentir el fuego en el que ardió Troya. Tengo en mis manos el poder de crearlas. Nuevas. De la nada. Salen de mi cabeza. Una imagen, una palabra, un pensamiento, y una llamarada las convierte en verdes caminos infinitos llenos de malvas y rosas. Y, sin embargo, entre tantas historias que sé de carrerilla, que cuento y cuento, que me las apropio y hago mías, no recuerdo cómo empezar a escribir la nuestra.  No puedo atrapar todo aquello. Me martiriza pensar que he podido olvidar cada momento. Porque la piel sí que tiene memoria, sabe cómo se erizaba con tus movimientos pendulares, como si siguieran una órbita casi arbitraria. A este cuentacuentos, podrías empujar con tres o cuatro besos. El que nos dimos en una eterna escalera, el de cada tarde de verano escondidos o el que te daba imitando al cine de los cincuenta. ¡Ahí están! ¡Esas historias! No las he perdido. Saldrán cuando a la luz de una tenue candela una chiquilla con mi sangre me pregunte. Mirándola a los ojos, podrá ver el brillo de los míos rebobinando el tiempo, pasando del cansado cuerpo al joven esbelto. A la energía, el desafío, la altanería. Y le contaré nuestra historia, como un secreto bien guardado que no tendré que esconder más. Porque habrá llegado la hora de rendir cuentas y dejar de contar cuentos.


Gregorio S. Díaz "Cuentos"


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