Musas

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sábado, 29 de marzo de 2014

Punto y seguido.

Cada noche se repetía, corro como alma que lleva el diablo y caigo de rodillas. Acabo rodeado de un avispero que deja incrustados sus aguijones en mi brazo. Se marchan tan solo para respirar, porque vuelven y lo hace exactamente igual. Es cuando despierto, harto de huir, otro sueño más. Era una advertencia, una premonición, era sentir que iban a llegar problemas imposibles de solucionar, como éste. Si me pongo a rememorar, a echar la vista hacia atrás, puede que fuese desde el primer día cuando todo comenzó. No es que tenga una memoria espléndida como para acordarme nítidamente, pero sí que es verdad que tengo los primeros apuntes llenos de descripciones de protagonistas de mis historias, todas basadas en ti. Y por aquel tiempo ni uno solo de los lazos que se anudan entre personas nos unía, aunque no tardó en llegar. Pronto deseché aquella idea que tuve un año atrás. Pero las voces de los demás en mi cabeza resonaban, al fin y al cabo no somos tan diferentes. Luego vinieron los versos, las risas y la tinta del bolígrafo escribiéndose en tu espalda. Tu firma en mi cuello. Yo un peldaño por debajo de ti, en inferioridad. Y no sé qué más, el sol y su calor y la noche y sus celos. En un abrir y cerrar de ojos, más cerca que nunca, tan cerca que mis dedos se perdieron por tus mejillas y cabello. ¿Gracias? De nada, gracias a ti. Más tarde una canción. Abrazos. Manos entrelazadas, ¿pasión? Casi. ¿Qué son los besos de la noche? Esos que se mezclan con el alcohol, la música y el baile. Prefiero guardármelo, como hice, quien sabe si algún día saldrá. Prefiero palabras primero, y uno perfecto después. En la terraza de un café, en la oscuridad del cine o yo que sé. Letras de canciones, fáciles de malinterpretar, esas que tienen ya tu nombre y el de nadie más. Una decisión, acertada  o no, pero que nada va a cambiar. Ni para bien ni para mal. Mejor así. No olvido mi inferioridad, pero es que esos aires me hicieron subir hasta las nubes y hay que pisar la tierra, sobre todo para no descalabrarse. En el fondo, nuestras diferencias apenas son nulas, tan extremas que se tocan, experiencias pasadas parecidas. Todo sirve como lección de vida, ahora aprendida. Es un buen punto y seguido. Una buena caída desde tu escalera hasta mi peldaño final. Que nadie sabe que nos deparará el futuro, pero, de alguna u otra manera, sé con bastante certeza que será parecido y estará ligado al tuyo.

Gregorio S. Diaz "Punto y seguido"

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