Musas

Musas

domingo, 25 de junio de 2017

Esto es España

Escribe y serás un delincuente. Escribe y pisarás la cárcel. Escribe contra todo aquello que te da razón para la locura, que ya vendrán ellos, los demócratas, a decirte que hay cosas que no se pueden decir. Aceptando, con o sin querer, la censura. Esto es España, y aquí poco o nada ha cambiado. Escribe y serás un terrorista. Roba millones de euros, mata a mujeres por el mero hecho de serlo, defrauda y engaña. Entonces serás un héroe. Ni barrotes, ni devolver dinero. Justicia de clase para una sociedad que ya no cree en la lucha de clases, más viva que nunca. Sociedad de privilegios de una minoría, con la connivencia de una pobre mayoría. Esto es España, donde sale más barato defraudar que escribir. Donde nada ha cambiado.

Gregorio S. Díaz "Esto es España"

jueves, 22 de junio de 2017

A las espaldas de la Alhambra

Perdona, yo te conozco. No, no me he confundido, ¿a que no? ¿No eres Sherezade? ¿La cuentacuentos más famosa del mundo entero? ¡No pongas esa cara! Era solo una broma. Aunque bueno, tengo que confesarte que tú a mí me has cautivado con muchas de tus historias. Con sus melodías. Pero, oye, ¿qué haces aquí? Quítate esas gafas de sol, en Granada nadie te va a reconocer. Sí, lo sé, yo sí. No me digas cómo ni por qué. Eres preciosa. Quiero decir, es preciosa, ¿no crees? Podrías ser su digna sucesora, sin problemas, la de Boabdil: si pudiera, te daría la Alhambra, para ti toda entera. Para que la Luna os envolviera y os hiciera eternas. Puedo enseñarte cada recoveco de este laberinto de rosas, verde jazmín y rojo fuego, y entre palacios de sultanes y leyendas de llaves, robarte algún que otro beso. Olvídate de ese anillo, aquí y ahora. No te hace falta. Tampoco pienses en la distancia del tiempo. Antes o después, somos contemporáneos, a pesar de que no dudo que tú y yo en tiempos andalusíes tuvimos un romance casi etéreo. Por el Albaicín una escapada loca. Lejos de los rumores de guerra y del fin de una era. Sangre morisca corre por nuestras venas. Granada te tira y por eso vienes a recorrerla. A recordarla. Por eso te he encontrado aquí, postrada a las espaldas de la Alhambra. Entre el sonido de un guitarra y unas palmas. Lo sé, morita, porque yo también he leído la carta que escribí antes de morir, a tus pies y a los de la roja muralla nazarita.

Gregorio S. Díaz "A las espaldas de la Alhambra" 

lunes, 19 de junio de 2017

Tú, ¿otra vez?

El vuelo de tu falda, de nuevo. El brillo de unas pupilas que dilataban las mías, otra vez. Tú, por estos barrios, como cada abril y cada mayo. Como cada enero y como cada invierno. Como cada verano. Y yo qué pensaba que habías llenado mi hueco con otros besos, esos mismos que, por lo visto, no te dan para rellenar el vacío que te asola la mente, aunque no el cuerpo. A ese lo sacias por miedo. Por autoengaño. A ver cuánto dura ese cuento. Las excusas están en su puesto: algo que quiero saber y me invento, sorpresas por lecturas sobre las que, interpretándolas, me devano los sesos, que el lazo no se rompe y que es irrefrenable el deseo de tocarlo, de vernos como los de antes, siendo los de nunca. Espera, ¿no te zafaste de mí como esas que en un desayuno de cafetería te dicen que se marchan? ¿No me diste de lado porque sabías que estaba solo, loco y agotado? Que había cambiado y ya no conjugábamos. Entonces, para qué brotes verdes y esperanzas. Para qué regresas con mentiras inmaculadas. Que esto ya lo hemos vivido. Que uno vuelve, se va, y se ha ido. Que otro busca, quiere, pero parece que has perdido. Tú, otra vez, maldita sea. Tú. No te quedes conmigo. Quédate en tu sitio. Que el corazón ya no cree en corazones y jura que solo quiere estar lejos del tuyo. Que ya se han vuelto imposibles lo que ayer eran improbables. Estéril tarea la del destino, la de mantenernos unidos. Solo en sueños, querida, tenemos el poder de conseguirlo. Así que da media vuelta y en tu caballo monta. Mi tiempo se ha acabado. Demasiado largos han sido estos diez años. No tuerzas los caminos. Que yo no te quiero ver en el mío.

Gregorio S. Díaz "Tú, ¿otra vez?"

viernes, 16 de junio de 2017

¿Dónde estabas?

¿Dónde estabas?, te diré. Dónde te encontrabas mientras yo en el cielo me quemaba. En qué clase de infierno te divertías y, para ello, conmigo no contabas. Dónde estabas cuando se quebraba mi alma. Cuando sucio, sudado y cansado me encontraba. Cuando no veía ni futuros ni horizontes ni nada. Dónde estabas tú, te diré. Dónde estabas mientras se me iban las ganas. Mientras mi vida, ya derrumbada, no encontraba camino que lo enderezara. Dónde te encontrabas cuando moría esperando una llamada. Cuando dormía y bebía para no ver tu cara. Dónde estabas cuando me atabas el nudo de la garganta y me ahogabas. Dónde estabas cuando yo no era. Cuando yo tampoco estaba. Dónde te metiste mientras duró mi letargo. Mi agonía. Por qué no me despertaste. Por qué no me disparaste. Por qué no estabas. Yo ya no querré tu ayuda cuando me alce, solitario. Tampoco ayudarte, si por lo que sea te obvian o decides obviarlo.

Gregorio S. Díaz "¿Dónde estabas? 

miércoles, 7 de junio de 2017

Potencialmente válido.

Potencialmente válido. Ni sí ni no. Puede. Quizá. Cuando no sirvas. Ahora no. Esa categoría tan invisible, arbitraria, contradictoria, cuyos extremos son el paraíso y el más allá, que, después de volar con las posibilidades, te da de bruces con la realidad. Tener los pies sobre la tierra. Potencialmente perfecto. Potencialmente todo. Potencialmente, déjenme que les diga, somos todos. Y todas. El sistema nos corta, nos roe, nos lima, nos mata hiriéndonos y luego, heridos, acobardados, nos mata con su lógica continuista. El sistema se lleva la primavera. Silencia a todo lo que puede ser, mientras arenga a lo que ya es, a pesar de ser tan mediocre. Te deja estancado, sin que lo notes. Te adapta. Te rompe los sueños y quiebra tus alas. Te muerde el alma. Potencialmente válido sí, hasta que no lo sea. Hasta que no me consideren. Estén tranquilos. Las ganas no se van ni con mil decepciones. Me quemaré si hace falta. Iré contra ustedes, a hierro. Que si no sale todo lo que tengo para dar yéndose, saldrá desde el encierro. Desde cuatro paredes que les van a explotar en la cara.

Gregorio S. Díaz "Potencialmente válido" 

viernes, 26 de mayo de 2017

Perpetua tregua.

Firmaría con tinta negra imborrable una perpetua tregua. Que pudieras traspasar mis fronteras, que pudiera alcanzar tus límites. Deconstruirnos para volver a construirnos. Más adultos, más vivos, más hechos. Y fundirnos a fuego lento, no a medias. Sin sentirme mal por repetirte y querer, más de mil veces, hacerlo. Lanzando hacia el abismo esa mochila que de piedras hemos ido llenando y que me ralentiza el paso y nos pesa tanto. Dejar por una vez ese absurdo juego de niños. Diagnosticar los problemas del mundo, y dar solución a los nuestros, a los que no nos enfrentamos ni profundizamos. La lava del tiempo, que te va quemando todo el cuerpo a medida que cumples años, recuerda que el dolor es más dolor si no tienes con qué aliviarlo. La soledad y la compañía te hacen constatarlo. Llegó el momento de quitar caretas, que no estamos en Carnaval. De dejar las mentiras atrás. De confesar, no ante dios, sino ante mí mismo y ante lo que queda de ti aquí, ahora. Que no hay cenizas volátiles. Que son ascuas ardiendo. Que el miedo que corroe es por querer no volver a sentirlo. Por no al lado notarte. Que es recíproco e inestable. Ambos sabemos que esto aún no ha acabado. Que quedan muchos minutos qué jugar. Pero, querida, cuantos más pasan, menos quedan para el final. Aunque bueno, quizá esté jugando solo y no me he dado cuenta de que ni el árbitro está ya. Que puede que esté guerreando contra mí mismo y nadie más.

Gregorio S. Díaz "Perpetua tregua" 

martes, 23 de mayo de 2017

Las cosas que no pasan.

Al principio, las cosas no pasan. Quieres, con todas tus fuerzas, que pase alguna, pero no pasa nada. Lo intentas. Escribes cartas como si estuvieras en los años cuarenta. Te haces el gallito. Las cosas no pasan. Creces y sigues esperando a que pasen. Alguien, entre clase y clase, se interesa por ti y parece ser que las cosas pasarán, pero tampoco. Los miedos, unidos al telón de fondo que es el cementerio, te impiden lanzarte a algo tan natural como una cosa pasando. Sucediendo. Se aleja y se alejan las posibilidades. Te rehaces. Te animas. Las cosas pasarán, tarde o temprano. Solo hay que esperar, solo hay que dejarse llevar. Vals. Camiseta rosa, vestido negro. Mariposas. Septiembre eterno. ¡Las cosas iban a pasar, al fin! Pero tampoco. Se escurre entre unos dedos que tiritan buscando unos que la agarren. Mensaje para leer todas las noches. Para memorizar y entender que las cosas no te pasan, ¿qué creías? Todo seguirá tal y como siempre han sido. Ya no te rehaces. Ya no esperas que las cosas pasen, porque no te pasan. Entonces pasan. Entre los huecos del radiador de un pasillo. En el intercambio de clase. Cuando toca la sirena. Entre escaleras. En sofás. En el cine. Entre música, alcohol y paseos. En el fútbol. Las cosas te suceden. Se te encaraman y te vendan los ojos. Te abren la imaginación. La mente. El alma. El corazón. Te evaden y te impulsan. Eres el rey del mundo cuando aquellas cosas pasaban. Hasta que dejaron de pasar. Esta vez, estabas convencido, otras cosas podían pasar. En otro sitio, en otro lugar, pero no tardarían en llegar. Y miles de cosas distintas pasan. En las curvas de una carretera nueva. Entre el bullicio de la noche. Siendo inconsciente. Cerca de la hoguera. Cuando llega la Primavera. Las cosas pasan, pero no son las cosas que pasaban. Las que te llenaban. Te paras, las buscas y no pasan, porque han decidido pasar a otras cosas. Te paras. Las cosas que ahora te pasan puedes colorearlas para que sanen las que ya no pasan. Te distraes. Las cosas que no pasaban, quieren pasar, vuelven. No haces caso de la rubia que te suplica que te quedes, que pasarán mejores cosas. Las cosas que pasaban, después de eso, no quieren pasar. Florecillas por el camino quieren inhalar tu olor y desprenderlo. Que las cosas realmente le pasen. Ya no sabes si quieres que las cosas te pasen. Solo las que pasaban. Y eso pones de excusa cuando una risa eterna quiere que te rías de todas las cosas que os pasen. Pero aquellas cosas no, ya no pasan. Ni otras. Todo deja de pasar. Te vuelve aquel miedo. Por si nada vuelve a suceder. Llega un limón y casi las cosas exprime. Una candela de fuego la aparta y te abrasa y le entregas todas tus cosas. Ella se queda las suyas. Pasan tantas cosas, que quieres que sean eternas. Pero te las tira a la basura y se lleva algunas. Te quedas sin cosas que pasan. Definitivamente, no crees en que las cosas puedan volver a pasar. Ni las primeras, que te llenaron una vez, ni las últimas que casi te intentan matar. Las cosas dejan de pasar. De vez en cuando, a cuenta gotas, pasan. Aquí y allá. Pero te juras que no volverán a pasar. Estás bien como estás. Las cosas te dejan de pasar. Nada de nada pasa. El cuerpo te pide una cosa y la mente otra. Te llenas de cosas que dijiste que no volverían a pasar. Son las únicas que, pensándolo bien, pueden pasar. Al final, las cosas dejan de pasar. Nada pasa. Sigues escribiendo cartas, que nadie leerá. Lo intentas. Se te acaban las fuerzas. Las cosas no te pasan, ¿qué creías? Todo seguirá como siempre ha sido y siempre será.

Gregorio S. Díaz "Las cosas que no pasan" 

jueves, 18 de mayo de 2017

Nuestra guerra.

¿Te acuerdas de nuestra guerra? Los dos salimos heridos. Los dos de muerte. Nos enfrentamos cuerpo a cuerpo, beso a beso. Supimos el sabor de la sangre en el paladar. Lo que era la mala y la buena suerte. Lo que era el infierno y el paraíso. No quisimos dialogar. Como si la diplomacia no se hubiera inventado más atrás de Roma. Decidimos querernos, romper, batallar. Dejarnos provocar. Defender, defender y atacar. Yo un beso a otra, tú la mano a otro, y Guerra Mundial. Escondidos en las trincheras, hasta que, por fin, entre minas, disparos, balas y soldados nos volvimos a encontrar. Portaban una bandera blanca, sobre la que nos envolvimos, eran las sábanas de tu cama. Eso fue lo nuestro: guerra con breves treguas de paz. Treguas de paz con una larga guerra. No fue posible un acuerdo, ni tan siquiera un armisticio. Nuestras Coreas no se volverán a unir. Siempre estarán al borde de la guerra, del precipicio. Hoy, totalmente desarmado, ando por los campos yermos en los que mutuamente nos desangramos. Aquí dejo mi chaleco, mis botas y mi boina. Mi cigarrillo, mi reloj y mi revólver negro. Prometo no volver a disparar. Tú, si me ves, por favor, aprieta ese maldito gatillo una vez más. 

Gegorio S. Díaz "Nuestra guerra"

sábado, 13 de mayo de 2017

Las veces que te he negado.

No sabes cuánto y cuántas veces te he negado en voz alta. No sabes cuántas veces he dicho que dolió, pero que ya no importas ni dueles. Que fue difícil borrarte, pero que ya no me existes. Tantas veces que, cuando me lo repito, se hunde, más y más profundo, en mi garganta un puñal que debe ir ya por más de la mitad. No sabes que aún conservo en la mirada el brillo de echarte de menos y que a falta de tu rostro y tu figura a lo lejos, se lo regalo a fotografías que ha madurado el tiempo. Esas en las que nuestros ojos encajaban, como lo hacían también nuestros besos. No sabes que yo ya lo he entendido. Que lo de negarnos es mutuo. Y no es de ahora. Y no es de antes. Es desde el principio. Incluso puede que antes del principio. Recuerdo cuando por primera vez alguien me dijo que se me notaba. ¡Que me gustabas! En aquellas escaleras, un día cualquiera de mediados de septiembre, te negué la primera vez. Tiritando y nervioso me zafé de ti como quien se zafa de un mal recuerdo. Excusándome en lo que pude, negué una verdad que no podía ocultar. Te he negado tantas veces desde entonces…Te he odiado otras tantas…De mi boca han salido miles de mentiras en forma de despecho, ira, rabia y celos. En forma de nostalgia, pudor y miedo. Como si tuvieras que pedirme perdón por todo lo que me has hecho. Contando todo lo malo, el perdón no es necesario, pues supe qué es vivir y morir por tener a alguien al lado. Supe que estaba vivo, porque el dolor y la pasión, por iguales, me quemaban entero. Tantas mentiras de mi puño y letra han salido, que los mensajes del agua de la que mi cuerpo está hecha, se llenaron de geometrías pintorescas y demoníacas. ¡No sabía por qué! No sabía por qué de día te negaba ante el público y de noche te lloraba, cuando en mi cama y solo estaba. Ni por qué aún lo hago. ¡No lo sabía! Pero ya entiendo. Cada negación ha sido una aplastante afirmación. De ti, como persona perfecta para limar y rellenar unas piezas y unas fronteras, ahora aisladas y valladas con alambra de espino. Cada vez que dije ‘ya pasó’, sigue pasando. Cada vez que dije ‘te odio’, en realidad, era un ‘te quiero’. Y por eso te lo decía a gritos. Porque a veces las palabras que nos hieren se dicen en silencio. Se visten de otras porque uno tiene miedo. De decir la verdad y quedar expuesto. Ante tus mismos desprecios, ayudados por el tonto de turno, ante la sociedad, que nos enfrentó en duelo a muerte porque nosotros quisimos, y ante mí mismo y a mi puto orgullo. Cada vez que, de mi tinta mentiras han salido, fue porque he camuflado verdades, codificadas para que solo tu pudieras entrelíneas leerlas. Entenderme. Contigo comunicarme. Pretendiendo herir, otras veces hacer sentir, recordar. Cuando lo que quería erar querer todas esas contradicciones. ¡No lo sabía! Siempre será así. Volveré a negarte mil veces más. Volveré a decirte ‘te odio’. Compitiendo, hasta la eternidad, vamos a estar. Por un beso, por una noche, por una tonta, por una cosa más. Haciéndolo para que el otro un paso intente dar. Y así estamos. Que los dos, en vez de para adelante, los hemos dado para atrás. Y así no sé dónde estoy. No sé dónde estás.

Gregorio S. Díaz "Las veces que te he negado"

miércoles, 10 de mayo de 2017

Leyenda negra

Lleva toda una leyenda negra consigo mismo. Nadie se la ha impuesto, él la ha elegido. Está marcado por lo que ha hecho y de lo que es culpable. Yerra cada vez que quiere avanzar, siendo amable. Está marcado por esa mancha que inunda todo su pecho. Que al mal atrae y al bien y a la suerte espanta. Que quiebra y mata, lo que toca y lo que quiere tener y siempre le falta. Que impregna de líquido oscuro, también, toda su alma. Y eso que no han logrado encontrarla. Vive atormentado por aquel maremágnum de violentos pasos dados. Cómo pudo no agarrar la mano de aquella posadera que en el camino la esperaba con las crines doradas al sol. Cómo no pudo agarrar su mano y dejarse llevar a otros senderos, a otros caminos. Por qué seguía empeñado en el bosque lejano y embrujado, donde lo ataba Reina y Princesa ni se enteraba. Quizá quería huir de aquel paraíso que parecía el pasado. Cómo se dejó engañar por las sirenas de tierra, que tienen piernas y un destino fijado. Robarte el corazón, primero, lo que tengas de valor y lo que te queda de alegría e ilusión por continuar a su lado. Sus cantos aún siguen en su cabeza mientras camina. Anda haciendo su carretera, pero está solitaria. Anda mirando atrás, viendo sombras eternas y despertando de dulces y locas pesadillas. Anda y se pierde. Anda en círculos. Volviendo a empezar cada vez que se da cuenta. Como si alguna vez pudiera ese bucle terminar. Cansado, sudoroso y con lágrimas en los ojos, hoy, se pone de rodillas en el suelo y mira al cielo. No cree en seres superiores que le guíen y marquen su camino, pero alza la vista, en lo que cree que es su último suspiro: sácame de aquí y de esta carretera que he construido, dame la oportunidad de ver otros mundos y otros senderos, que siento que estoy maldito. Reina, déjame que Sirena me inunde con su miedo y sus excusas, vestidas de argumentos. Que deje de culparme por las oportunidades cristalizadas y no consumidas. Que tu Princesa se vaya con Príncipe. Que dejes de hilar y mover mis hilos, que me quites esta marca negra, que tú misma me pusiste.

Gregorio S. Díaz "Leyenda negra"