Musas

Musas

sábado, 25 de marzo de 2017

Séptimo sentido.

Mirando al frente, sin ver lo que sucede alrededor. Con el punto de mira siempre en el camino, pensando cada paso que doy, si es el correcto o es el mejor. Así me pierdo la vida. Pierdo mi vida. No me fijo en esos árboles que de nieve ya se han cubierto varias veces, que han florecido otras tantas y que se han ido quedando sin hojas, por aquellos otoños melancólicos, que tanto se me parecen. No doy oportunidad a que me cuaje. Huyo. El tiempo que no tengo no quiero que me lo arrebaten. Tengo millones de proyectos por acabar, y por idear, y no los quiero deshilvanar porque son lo que me permitirán avanzar. Eso sí, a veces es necesario un tiempo de relax. De dar una patada al reloj y tener un hombro en el que llorar. Con el que sudar. No veo nada. Estoy distraído. Absorto. No consigo entender viejas palabras ni comprender nuevas miradas. Estoy como siempre, un poco tonto. He roto con aquel mundo. El de colores y cero preocupaciones. Se ha dislocado mi olfato. Ya no soy un asesino. Se ha desactivado, por completo, mi séptimo sentido.

Gregorio S. Díaz "Séptimo sentido" 

jueves, 16 de marzo de 2017

Solo pido, solo quiero.

Solo pido una pizca de suerte. Un poco de justicia, que ya va siendo hora. Y que llegue pronto la muerte. Solo pido una última oportunidad, llena de enjundia, que ir despojando de pétalos de rosa. Hasta que se acabe, bebérmela, de un trago las noches, poquito a poco los días de puestas de Sol, carmín y derroches. Solo quiero parar el tiempo, idealizar a otra y subirla a la barra del bar, para armar, con botellines de cerveza y esas flores deshojadas, su propio altar. Que ni virgen ni santa, pero joder, qué más da. Que sea mía y yo de ella por una vez. Que me deje retratar su silueta a través de papeles que se mojarán y no llegarán a nada. Como mucho a tinta ilegible llena de lágrimas. Solo quiero un dulce final. Algo de verdad. Alguien de cristal, para rayar y desgastar hasta el final. Yo prometo no romperla. Solo quiero a mis muros derribar, a los miedos asustar, esos que parecen comerme en pesadillas, a mis monstruos matar. Solo quiero todos mis pecados redimir y remediar. Dejar de pedir perdones a personas que me olvidaron, aunque al pensarlo duela y cueste. Solo pido piedad, que sigo aquí encerrado, malherido y derrotado, y nadie de este abismo me salva.

Gregorio S Díaz "Solo pido, solo quiero"

viernes, 10 de marzo de 2017

No te digo.

No te estoy pidiendo la Luna. Ni si quiera yo te la estoy ofreciendo. No te estoy diciendo que es posible volver atrás y cambiar una realidad que ya fue. No te digo que las lágrimas caídas, el dolor y el vértigo puedan echarse hacia atrás. Existieron y a los dos nos hicieron. No te estoy diciendo que, perdonando, olvides. Aún incluso mi cabeza no se perdona y mi corazón no lo olvida. Que eras tú la elegida para alejar a locas consentidas y los días negros de remordimientos y de mi particular vagar por las calles del mundo de capa caída. Que tus cabellos dorados tenían la fórmula perfecta para tener un firme caminar: dejarse llevar. Esas palabras que yo no entendía porque parecían estar escritas con tinta china. Las mismas que no escuchaba porque el diablo, disfrazado de ella, la oreja me mordía cada vez que me convencías. Lo pensé en su momento: que me arrepentiría. Que volvería. Hasta tú, estoy seguro, lo sabías. Que otra oportunidad no me darías y que esto saborearías. No te culpo, es lo justo. No te digo que vuelvas, ni que quiero volver. No te repito que lo siento, por enésima vez. No lo hago y no lo haré. Nunca lo hemos hecho. Y mientras pues que pase el tiempo. Vendrá un bandolero que te robe hasta el cuerpo, con el que yo no pude. Me quedaré solo, pensando que una vez te perdí. Que te tuve.

Gregorio S. Díaz "No te digo"

miércoles, 8 de marzo de 2017

Cariño, dime, ¿qué nos ha pasado?

 Cariño, dime, ¿qué nos ha pasado? Que ya no decimos amor y tampoco amigos. Ni una palabra, solo esporádicos pensamientos. Como si fuéramos un pasado tan remoto como el tiempo de los dinosaurios. Que las cenizas, después de mojarse, han volado. Se han disuelto. Qué nos ha pasado, que hace tiempo que no recordamos lo grandes que fuimos. Que, poquito a poco, ha ido borrándonos mutuamente el olvido. Ya no somos aquellos dueños del mundo que, inmortales, se regalaban los besos que solo se regalan en las columnas y en los pasillos. Esos que ahora recorro de nuevo y me llenan de memorias muertas. Si lo pienso, nos puedo ver, aún. Seguimos ahí, en otras caras, en otros cuerpos, en otros brazos. Ellos aprendieron de nosotros. Nuestras almas están impregnadas, para siempre, en ellos. Y en esos pasillos. El tiempo no olvida, aunque avance deprisa. Si cierro los ojos, siento los años rebobinar. Mi silbido buscándote entre las sirenas y tu mirada esperándome, guiándome. Salvándome. Cuando los abro, descubro una nueva realidad. Yo enfrente de donde me solía sentar. Caras nuevas en las que descubro las sombras de todos aquellos que por este laberinto pasaron. Teniendo la orden y el mando. Viéndome a mí mismo, allí sentado. Cómo volver atrás, sin ti allí y conmigo casi muerto ya. Qué nos ha pasado, que no quedan restos de los niños que fuimos. Esos que crecieron cada día juntos y cerca en un viejo instituto. Cariño, solo sé que te arrancaron de mi cabeza a golpes y porrazos. Que me invadió el miedo. El no querer luchar. No quise, si quiera, tener la oportunidad de fracasar. De equivocarme. Luego, vino la distancia y el alejamiento. Carmines de labios en mi espejo y pantalones rotos en tu cuarto. Suerte, mala suerte y karma. Éxito y fracaso. Cariño, lo que pasa es que demasiado hemos crecido. Que ya no nos preocupamos por sonreír ni por ser esos niños. Los que llevamos dentro. La tuya, no importa si no viene. Que donde está, se quede. Es lo más sensato. El mío, estoy seguro, te esperará en aquel pasillo hasta que se muera o muera esperándote. Porque si no te saco yo, no hay golpes que valgan…

Gregorio S. Díaz "Cariño, dime, ¿qué nos ha pasado?"

domingo, 5 de marzo de 2017

Equivócate.

Equivócate, tú que puedes. Inténtalo con los seis sentidos. Los cinco que todos tenemos y el sexto, del que algunos ni han sabido. El que yo ya he perdido. Equivócate y date cuenta por ti mismo. De qué sirve que el mundo vaya contra ti, si vas a ser tú quien vaya contra el mundo. Golpéate la cabeza, otra vez, si es necesario. Que solo el tiempo y la vida te llegue a quitar la venda. Si nunca lo hace, quizá es porque acertaste. Equivócate decidiendo. Sin imposiciones. Algunos añoran las oportunidades que ya no existen. El tiempo remoto en el que decidir era posible. No te quedes con esta espina, que a mí me hiere más que me mata. Es tan dolorosa que no podrás quitártela. Vende todo lo que tienes y márchate. Fuera. Lejos. Más lejos. Vuelve. Sabes de sobra que aquí hay gente que te quiere. Que, aunque no compartan tus visiones, te apoyarán sean cuales sean tus decisiones. Que la vida está para eso. Para perder. Equivocarse. Para arriesgar. Si no es así, nunca vas a ganar. Y si no, mírame a mí. Que, por no decidir, que, por no luchar, que por no tener el valor que tú sí, condenado eternamente a errar está.

Gregorio S. Díaz "Equivócate" 

miércoles, 22 de febrero de 2017

París, 1988.

París, año 1988. El Muro de Berlín aún no ha caído, pero está a punto de hacerlo. No queda esperanza en el desvirtuado socialismo. Nieva. Nieva copiosamente sobre los Campos Elíseos y sobre la torre Eiffel. Nieva sobre la Francia occidental que se zafó de todo pasado medieval de un plumazo a base de revolución. La que fue borrada del mapa cuando tiranos en Europa mandaban. La que, a la fuerza, fue descolonizada. La que en Mayo del 68 fue renovada y de lucha colmada. Nieva y el frío se traspasa por las ventanas. El estudio, caliente, de desorden y libros se halla. Tapas viejas y duras, páginas amarillas subrayadas. Ideas en busca y captura en pleno acto de lectura. Es temprano y ella no ha dormido nada. Se ha pasado la noche leyendo esa novela que debía terminar, por la voracidad y el no saber qué pasará. El flequillo le molesta en la cara. Tiene ojeras y la vista cansada. En la radio Jamais Nous de Elsa mientras se lo piensa. La mañana en el liceo la dejará muerta. La rutina y la maldición de un tiempo que no quiere vivir, la termina por decidir. No habrá mejor plan que dormir. París, 1988, y ella está ahí. Sola. Esperándome. A mí. Que alguien le diga que siga leyendo esas novelas. En algunas de ellas alguno de los escritores le dirá que se rinda. Yo aún no he nacido y no podré visitarla. Besarla y amarla. Compartir la ciudad y la música que son exactas. Que se conforme con alguien que se me parezca. Lo mismo que haré yo en esta cronología de mierda.

Gregorio S. Díaz "París, 1988" 



lunes, 20 de febrero de 2017

Mi retirada.

Todo tiene que cambiar. Todo tiene que girar. Y no lo hace, y no lo hago. Y no es por pereza ni por falta de ganas. Quizá sea por la rutina de estrés diaria y porque no me dejan transformar esta maldita dinámica. Para la confianza es un abismo total cada minuto que pasa. El miedo me hará fallar cuando, por lástima, me digan que me ponga a parar. El gusanillo que antes cada domingo mataba ahora casi me come el alma todos los fines de semana. Y mira que no atento contra el cuerpo ni sus vicios nocturnos, de los que, no oculto, tiene tremendas ansias. Sacrifico el tiempo que no tengo por una oportunidad que no llega, que no tengo. Que desaprovecharé. Puede que ya no tenga las cualidades necesarias. Ni la cabeza en su sitio y concentrada. Que no doy, en esta categoría, la talla. Que siento que esto se acaba, que se mueren los años en los que noventa minutos cambiaban el rumbo de toda una semana. Que muere una parte de mí, otra, y ya no sé ni lo que me queda. Me dejaré el pellejo para volver, en lo que resta para el término, antes de la definitiva retirada. Volveré, estoy convencido, a dominar el área como ninguno. A volar en el aire y caer en picado con el balón seguro. Y volveré para irme. Para dejar de lado el lado oscuro de todos los años. Que no quiero tener que llorar otra vez por el fútbol. 

Gregorio S. Díaz "Mi retirada"

miércoles, 15 de febrero de 2017

Te hiero

Te hiero. Y te seguiré hiriendo si es que osas traspasar esta coraza que se deshace con un aliento, el tuyo, que no esperaba y que me sube por la espalda. Nos haremos daño y eso que casi no hemos empezado. Que el beso y las palabras que nos debemos, en el tiempo dilatamos. Te hiero y te heriré si los cabellos rubios que un día perdí de vista, vuelven a acariciarme una sola de mis mejillas. No es por mí, es un trato justo que tengo con la vida. Si ocurre, ven cuanto antes. No creo que dure más que el rato en el que mi deuda salde. Cuando pida perdón, la espina de la conciencia arranque y las ganas sacie. Te hiero y te heriré por las letras aún no escritas a aquella mujer que causó todas mis grietas. No me lo achaques, por favor, no tengo la culpa de haberme formado como persona al lado de ella. Mas nunca creas tanto escrito, hace tiempo que no están dedicados a sus suspiros. Por mucho que me inspire o me ahogue en sueños, es solo desasosiego, chica, renuncié a ella hace casi mil milenios. Y aunque duela, no me he muerto. Ella, para que no tengas miedo, anda por lejanos senderos. Y yo ahora estoy que me pierdo por tus derroteros. Estoy seguro de que si me hieres tanto como yo te hiero, no habrá nadie que te saque de aquí adentro. De este corazón negro. Te hiero y te heriré si deciden ese destino darme. Esa oportunidad única concederme. Entiende, el futuro de eso depende. Te hiero y me herirás, pero joder, eso es quererse.  

Gregorio S. Díaz "Te hiero."

domingo, 12 de febrero de 2017

Fue tan bonito que...

Fue tan bonito ver cómo me partías el corazón que volvería a dejarme romper. Porque contigo se hincharía y llegaría a ser tan grande, que poco me importaría que se quebrara en dos o tres. Estaban tan deliciosas las heridas que me hiciste, las mismas que me tuve que lamer y hacer sanar con saliva, de ellas y de la mía, que te dejaría volver a abrirlas. Incluso hacer nuevas en otras vías que ahora parecen, de inertes, muertas. Las cicatrices, debo decir, dejan la boca amarga y seca. Fueron tan mágicos aquellos míseros tres segundos de unión, besos y amor, que valdría la pena cruzar el desierto solitario de mil años, solo por repetirlos. Aunque fuera efímera tu presencia y eterno el mío dolor. Fueron tan jugosas las noches de aventura, que le vendería el alma al mismísimo diablo si un día promete que te tendré aquí, cometiendo locuras. Volviendo a querer para luego partir. Para llorar. Para escribir. Para sufrir. Para sentir. Para, al fin y al cabo, vivir. Todo lo demás que no sea ni tú ni yo, no será morir, qué va. Pero sí trasegar. Errar. Imitar. Conformidad. Sobrevivir. La única vida que nos dieron, malgastar.

Gregorio S. Díaz "Fue tan bonito que.." 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Yo soy yo y tú.

Ya sé cuál es el truco. La fórmula que hace que uno más uno calentado y elevado a mil, tenga como resultado siempre a ti y a mí. La respuesta a tantos hechizos y maldiciones con las que, algún día, nos bendijeron quienes inventaron las cuerdas que atan, y aprietan, para siempre. Aunque se corten por la mitad para no sentirlas más o se deshilachen por el paso de la lluvia, el viento, otros besos y otros cuerpos. Lo sé y siempre lo supe. Solo tenía que escucharlo para no poder, por más tiempo, negarlo. Solo había que pensarlo. Que lo que soy, cuando no sabía ni quién era, lo forjé a tu lado. Tú completaste algunos de mis huecos. Que lo que eres, cuando comenzabas a serlo, te ayudé a formarlo. Yo uní algunos de tus pedazos. Puede que sea eso lo que quema por dentro cuando se vuelve atrás la mirada. Te tengo atrapada aquí: porque yo soy yo y tú, en mi yo hay una parte de ti. Me tienes que tener encerrado, por allí. Tú eres tú y yo. O quizá ya no, y mis pedazos volaron en pedazos más pequeños coartados por otros que de otra personalidad te llenaron.

Gregorio S. Díaz "Yo soy yo y tú"