Musas

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sábado, 13 de septiembre de 2014

Todo lo que debí decirte y no tuve cojones

Todo lo que debí decirte y no tuve cojones:

No quiero rememorar los más antiguos y por tanto más buenos, recuerdos. Empiezo desde ese día en el que todo se fracturó fugazmente, momento en el cual todo fue cuesta abajo, en declive. Debí decirte el vacío que en el pecho se me hizo cuando te vi alejarte, sabiendo que pasaría mucho tiempo para volver a rozarte. Debí contarte lo monótono de mi vida sin ti, tras varios meses de ajetreo contigo. Te lo di todo en ese tiempo: lágrimas, caricias y besos. Eran reales. Al igual que el vino, las canciones, las velas y letras con dedicatorias. Eso, quizá, no lo olvides.

Debí decirte lo mucho que te echaba de menos día a día, que moría lentamente cada vez que nuestra conversación se hacía rutinaria y fría. Debí dejar el orgullo que me caracteriza y agobiarte sin agobios, aunque no sé cómo se hace eso. Pero también debí darme cuenta de todo, y de sobra sabes que no soy el chico más espabilado para ello. Debí cogerte en brazos cuando te vi a lo lejos, en esa extraña estación. Debí hacerlo, sí. Pero también debí mirarte a los ojos y descubrir algo nuevo, algo distinto quizá. Debí acortar cada espacio que nos separaba durante estos tres cortos días.

Pero no me voy a echar una culpa que no tengo, tú ya sabías a lo que venías, lo tenías pensado y decidido. Superado. Yo no. Yo aún guardaba una ilusión y una maldita esperanza, esas que ahogaste en un hielo de café. Pensaba que la distancia y el tiempo no importaban, si todo era sincero, que volvía a comenzar una nueva etapa.

Debí aprovecharte cuando todo acabó y te tuve cerca. El caso es que fueron unos momentos tan efímeros que ya han pasado volando. Ya son pasado y recuerdos. Maldito transcurrir del tiempo. ¡Cómo aprovecharme de algo que no es mío! ¡Cómo abrazarte si solo me notarías físicamente y yo no te notaría! ¡Dime cómo! Aunque por decir, me tienes que decir miles de cosas, aunque ambos sabemos que no lo harás. Dime cómo te olvido. Dime por qué duele tanto si decías que no estaba enamorado de ti. ¿Sabes? Ya entiendo esa ansiedad o nervios que te comían. Me han comido a mí por dentro, no me dejan casi ni respirar. Lo de ducharse más de una vez era por aquello de la purificación, para que la sal que se produce al llorar se disuelva más rápido.

Dime por qué duele tanto pensar en ti y en tu forma de obviar las cosas. Como si nada te importara y nada hubiera cambiado. Tu silencio atronador. Incluso por servicios de mensajería instantánea, esos que ya no me dedicas a mí, y si lo pienso, puede que desde hace tiempo. No logro entender tu indiferencia e ignorancia, el paso de un todo a un nada en cuestión de horas. El paso del aprecio al desprecio y viceversa. Es curioso que te ayude a buscar un lugar donde vas a estacionar y yo me tengo que conformar con la misma habitación, donde me ahoga el recuerdo de tu presencia, me asfixia y me aprieta.

Dime que no, por favor, que no me has utilizado por tu bien y para tu interés. Sí, soy bueno, tenías razón, demasiado, diría yo. Quizá por eso ahora escriba esto, por ser tan bueno. Te lo entregué todo. Me olvidé de mí y de tu egoísmo, que has pasado de un extremo a otro, y déjame decirte que pensar solo en uno mismo no es la solución. Bueno, quizá sí para no sufrir, pero no para vivir.

No espero ya nada de ti. Menos de lo que ya he tenido. No espero ni que me recuerdes, que no lo harás. No espero que llores, tampoco, de eso me ocupo yo. Porque es un dolor que hay que sentir. Ni espero nada no. Ya no. Sé que no solo es el tiempo el que me ha borrado, quizá otros labios demanden tu carmín. Te di mi última oportunidad. Quiero decir, solo me quedaba una. Y está malgastada. Y duele. Pero creo que está bien malgastada. Espero que lo que vayas buscando o hayas encontrado, sea mucho mejor que lo que dejas atrás.


Atentamente, tu Gracias Por todo y mi nada.

Gregorio S. Díaz "Todo lo que debí decirte y no tuve cojones"

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