Musas

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domingo, 15 de marzo de 2015

A los dioses del cielo.

Estaba empapado. La humedad había dejado paso a la lluvia. No le importaba mojarse, eso qué más daba. Se hincó de rodillas en el suelo, al borde de la roca que una vez vio derramar sangre de sacrificios. Allí encaró a los dioses del cielo que, tiempos atrás, se había visto saciados. “Dejad salir a las sombras oscuras que pueblan este negro corazón. Dejad que la luz llegue a su interior.” Lo único que pasó fue que las nubes se alejaron y volvieron a aparecer los rayos del sol. Ni sombras ni luces de las que habló. “Volved y escuchadme, y si no lo hacéis, ajusticiadme, que no aguanto más este calvario sin sangre.” Como si existiera sujeto alguno al que dirigirse. Así al menos, sacaba su ira a relucir. Gritaba y gritaba para coger unas fuerzas necesarias para vivir.

Gregorio S. Díaz "A los dioses del cielo."

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