Musas

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lunes, 12 de enero de 2015

Babi, Gin, Jeannette.

Todos tenemos nuestra Babi. Yo tuve mi Babi. Esa chica que pone patas arriba tu mundo y hace que cambien las cosas. Esa a la que le puedes decir ¡Fea! como si fuera un piropo, porque ella no va a dejar de sonreír. Con quien te tiras a una piscina helada y no sientes frío. Esa que no para de insultarte y que dos segundos después te da un beso, pidiéndote perdón. Con la que se afrontan miedos que hemos tenido ahí desde siempre. Con quien descubrimos nuevos besos y nuevas formas de placer y entendemos que dos cuerpos pueden ser uno a la misma vez, muchas veces. Esa que le pone un poco de azúcar, sal, pimienta y un poco de todas las especias a nuestra vida. Con quien haces promesas que estás seguro que nunca abandonarás. A quién le dices que siempre importará, y en realidad no mientes. Esa que hace que le pilles el ritmo a la vida y cojas su velocidad. Por quien tildas algo de increíble. Pero luego, sin otra posibilidad ni remedio que lo remedie, te llega tu Gin. Todos tenemos una Gin. Yo tuve mi Gin. Esa chica que no sabes por dónde aparece, pero que no lo hace por casualidad. Y además lo hace de manera rápida, radical. Como una explosión de la que no se puede escapar. Esa que cuando la miras, sabes de sobra que te vas a quemar. La que te amenaza y sabes que no habla en broma. Con la que pretendes jugar y entiendes que ella juega contigo. Esa tipa dura a la que se le saca, después de una sonrisa, un beso y tras él, mil más. La que piensas que se entrega por placer y te enteras, de pronto, que lo hace por amor, aunque se comporte siempre a cien. Esa a la que le puedes rasgar el vestido que no le va a importar o hacerlo en cada paseo nuevo por la ciudad. Con la que de todo te puedes olvidar si es que no vuelven los fantasmas del pasado ancestral. Cuando te das cuenta de que la fantasía ya no será más y entiendes que quieres a tu Gin y a nadie más. Pero tal vez la carta que le escribas la quemes y ella nunca llegue a leerla. Así cómo te va a dar otra oportunidad. Sin más y sin poderlo evitar, tu Gin también se va. Y es entonces cuando no sabes qué esperar. Confía. Todos tenemos una Jeannette. Yo también tendré una Jeannette. Esa que con una guadaña y un beso en las manos, nos llevará, seduciéndonos, al otro lado.


Gregorio S. Díaz "Babi, Gin, Jeannette" 

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