Musas

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domingo, 12 de abril de 2015

Vuelve, Bandolero.

Tú, de las tierras yermas y fértiles el más caballero. El más honrado de toda una mentira de sociedad, esa que aparenta ser y no es nada. Creador y, a su vez, manipulador de aperos. Trabajador de la tierra sin descanso ni piedad. Jornalero de paja, hacha y sol. Que te quiten el dinero en tributos para los privilegiados no importa, que te quiten la honra de poder ganarte la vida con el sudor de tu frente y entonces sí que sale tu impronta. Que, aunque injusta, la ley debe permitir también el respiro a los que el sistema sustentan. Eso lo sabe Dios y hasta el más tonto de los aristócratas, aunque no lo pongan en práctica. Así que si te aprietan, si te matan, si te deshonran o si debes matar para defenderte y defenderla, el monte es tu destino. Ese paraíso que te da refugio y alimento. Y es entonces cuando tu nombre hace gala a tu honra. Cuando tu camisa es puramente blanca y tus botas están limpias. Es cuando le das al pueblo una sola esperanza. Atrapando en caminos a especuladores que juegan con el precio de tu trabajo y de tu destajo. Ese sabor de la libertad, qué bien te lo conoces. El devolverle al campesino lo que es suyo y quitarle al noble lo que le viene por título. Qué importarán unas viejas letras en el papel. Ni siendo de reyes que bajo muchos metros de tierra yacen. Para colmo te envían a compañeros contra ti, que solo lo hacen por dinero, que prefieren obedecer y toda palabra de consuelo y verdad omitir. ¡Ay! Qué caro es el precio de ser libre y ayudar a los demás. Que no puedes coger a Lola María y darle el hogar que siempre habías soñado dar. Solo puedes besarla, levantarle la falda y volver mañana. Ella no logra entender que tú has dado tu vida a otro parecer, que la quieres pero que también quieres el placer. Que más quisieras tú darle lo que se merece. El contrato con la Sierra no termina con la muerte, el cadalso o el indulto. La justicia social está por encima de cualquier tesoro. Así que ajústate la faja y ponte el pañuelo, llena de pólvora el cañón de tu trabuco y vuelve a enseñarnos lo que es un caballero. Recorre con tu caballo aldeas, pueblos y montes cercanos. Quítale al rico y haz menos pobre al pobre. Vuelve y deshazte de toda la panda de privilegiados. Vuelve, Bandolero.

Gregorio S. Díaz "Vuelve, Bandolero" 

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