Musas

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domingo, 7 de junio de 2015

Felices dieciocho.

Queridísima muñeca que puso un día patas arriba mi vida. Esa a la que un día le cambié los pañales, tierna y tan pequeña como mi mano, y que hoy se convierte en adulta y, con ello, en más independiente que nunca. He de confesarte tantos miedos…tantas locuras, tantos errores que tu padre quiere que no cometas porque ya se los conoce… Cáete, sangra  y desconcha la herida cuando te pique. No te vayas hacia extremos que no te van a proporcionar nada bueno. Tampoco quiero ponerte aquí un tocho legislativo que tu corazón adolescente no entenderá. Hay algo que sí te quiero decir, para que olvides cuentos e historias y sepas lo que de verdad importa. Ella y yo te concebimos y te dimos el amor que solo unos padres saben dar. Procuramos saciar tus apetitos, tus necesidades y tus caprichos. Nos compenetramos y nos peleamos para dibujar en tu horizonte un camino de rosas, tratando de apartar todas las espinas. Tratamos de ser uno, cuando éramos tres.  Y ahora, que te haces mayor, seguimos remando juntos en esta barca. Más viejos, más conocidos. Más humanos. La quiero, y te quiero. No creo que nadie en el mundo lo haga como yo lo hago. Debes saber que ella, a pesar de todo, no fue mi primera opción cuando la juventud me rondaba. Hubo otra que al mirarme me quemaba. Por la que estuve tan loco que lloraba. Con la que imaginaba algo como tú. ¡El amor de mi vida! Era tanto aquel dolor, que hasta me gustaba. Caminé, entonces, derrotado hasta que me encontró ella. La juventud ya no nos rondaba. Nuestra posición se hacía cada vez más privilegiada. El instinto de hacernos perdurar nos llamaba. La pasión reinaba en nuestra cama. Y entonces entendí: ¡eras tú el amor de mi vida! Así que por favor, quédate con esa mirada que queme, con el protagonista de auténticas novelas, con el que el dolor merezca la pena. Que no tengas que firmar un contrato porque el arroz se te pegue.

Gregorio S. Díaz "Felices dieciocho" 

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