Musas

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viernes, 7 de octubre de 2016

Oye.

Oye, querida. Sé que estás ahí, ignorando tres letras sin saber lo que viene detrás. Solo era para decirte adiós. Para formalizar esta carta, que es mi despedida. No sé qué diablos sucedió en tu cabeza para que, tras meses de inoperancia y por enésima vez, los cables de nuestra conexión manipularas. Son absurdas teorías las que expusiste. Me dan igual esas mentiras y tonterías muy tontas dichas por personas, me juego, más tontas todavía. Eso no es lo realmente importante. Y es que creo, así lo demuestras, que lo de boquear como un pez se te ha quedado grabado en la retina. Cada cierto tiempo vuelves, no sé si con idea o con malicia, para acabar con el contacto cero que hace olvidarte. Y sé que te gusta que sea así, y confieso, pobre masoquista de mí, que lo espero cuando se dilata el tiempo en el que no dedicas tiempo para mí. No voy a consentir que seas un intermitente. O apagas o reluces. Porque no me da la gana que no te vayas del todo, completamente. Bastante tuvimos con antaño. Así que, por favor, no hables, no lo hagas nunca más. Ni palabras sueltas, ni excusas y mucho menos mentiras. No vuelvas a traspasar cortafuegos que puedo fortalecer, para que no los cruces más. Crecimos, somos adultos y tenemos caminos distintos. No somos aquellos niños. Aprendimos a pensar y a controlarnos. Ahora somos dos desconocidos. No somos amigos y es como si nunca nos hubiéramos conocido. No quiero saber cómo te va, ni quiero que sepas cómo me va. Me da igual. Eso siempre falló: la curiosidad. A pesar de hablar idioteces. Y ya no se debe fallar más. No debo. Por ti, por ella y por mí. Así que, como punto y final, te digo que, de corazón, te deseo todo lo mejor. Hoy, mañana, el año que viene, al otro y dentro de cincuenta. Que consigas todas las metas que deseas y están al alcance de tu mano. Que te quieras a ti misma antes que, incluso, a tu gato. Pero también que recuerdes lo bueno de mí y deseches un poco lo malo, que no es poco. Si a veces, como yo, buscas algún por qué, piensa que el destino tenía otros planes. Yo siempre te estaré eternamente agradecido, a pesar de todo: me quisiste de verdad y hoy parece que eso es delito. Adiós, querida, y buena suerte.

Gregorio S. Díaz "Oye"

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