Musas

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Me tengo que marchar.

Me tengo que marchar. Es así. Aquí ya nada me pertenece, nadie parece conocerme, con ninguna quiero endurecerme. Todo me es indiferente. Ni la alegría de pulular por unas calles que recuerdan a una alegría pasada de un mundo que, de adolescente, creía tan pequeño que podía comérmelo. Ni luego, cuando descubrí que era mucho más grande y que, con mis manos, podía calzarlo. Solo por salir, bailar, besar y creerme su dueño. Hoy sé que este mundo es tan inmenso que no puedo ni imaginármelo. Que no puedo entero recorrerlo. Y el ingenuo de mi yo alterno, allá por atrás en el tiempo, queriendo merendárselo. Como si él no nos comiera, pedazo a pedazo. Año a año. Me tengo que marchar porque nada es mío y todo me lo arrebataron. Porque ella se fue, la dejé partir, y esta vida es continuo incendio. Cenizas que vuelven a arder, sin ser un milagro. Nada poseo y es que nada quiero. Salvo libros. Esos que me los den enteros, que ya firmo la primera hoja para que consten en mi testamento. Lo que quiero decir es que nada de lo normal es lo que quiero. Lo que tienen todos. Si lo tuviera, sería estancarse y rutina. Huir siempre del mismo día. No te quiero ni a ti, a pesar de que eres lo que querría. Para quedarme aquí y morir de arrugas. No quiero parar cada domingo, porque me acostumbraría. A pesar de que me da vértigo cuando no lo hago un día. No quiero ver este mismo sol cada madrugada fría. Ni esta ciudad, ni sus cercanas lejanías. No quiero morirme donde me lleno de frustración y agonía. Donde cada persona conocida, en realidad, es desconocida, donde no se abren nuevas puertas y no existen viejas salidas. Donde reina la hipocresía. Me tengo que marchar, porque si no lo hago…seré otro que ante el poder se humilla. Otro que no muere de pie y vive de rodillas. Y yo quiero volar libre. Mantenerme en constante rebeldía…

Gregorio S. Díaz "Me tengo que marchar"

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