Musas

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Leyenda negra

Lleva toda una leyenda negra consigo mismo. Nadie se la ha impuesto, él la ha elegido. Está marcado por lo que ha hecho y de lo que es culpable. Yerra cada vez que quiere avanzar, siendo amable. Está marcado por esa mancha que inunda todo su pecho. Que al mal atrae y al bien y a la suerte espanta. Que quiebra y mata, lo que toca y lo que quiere tener y siempre le falta. Que impregna de líquido oscuro, también, toda su alma. Y eso que no han logrado encontrarla. Vive atormentado por aquel maremágnum de violentos pasos dados. Cómo pudo no agarrar la mano de aquella posadera que en el camino la esperaba con las crines doradas al sol. Cómo no pudo agarrar su mano y dejarse llevar a otros senderos, a otros caminos. Por qué seguía empeñado en el bosque lejano y embrujado, donde lo ataba Reina y Princesa ni se enteraba. Quizá quería huir de aquel paraíso que parecía el pasado. Cómo se dejó engañar por las sirenas de tierra, que tienen piernas y un destino fijado. Robarte el corazón, primero, lo que tengas de valor y lo que te queda de alegría e ilusión por continuar a su lado. Sus cantos aún siguen en su cabeza mientras camina. Anda haciendo su carretera, pero está solitaria. Anda mirando atrás, viendo sombras eternas y despertando de dulces y locas pesadillas. Anda y se pierde. Anda en círculos. Volviendo a empezar cada vez que se da cuenta. Como si alguna vez pudiera ese bucle terminar. Cansado, sudoroso y con lágrimas en los ojos, hoy, se pone de rodillas en el suelo y mira al cielo. No cree en seres superiores que le guíen y marquen su camino, pero alza la vista, en lo que cree que es su último suspiro: sácame de aquí y de esta carretera que he construido, dame la oportunidad de ver otros mundos y otros senderos, que siento que estoy maldito. Reina, déjame que Sirena me inunde con su miedo y sus excusas, vestidas de argumentos. Que deje de culparme por las oportunidades cristalizadas y no consumidas. Que tu Princesa se vaya con Príncipe. Que dejes de hilar y mover mis hilos, que me quites esta marca negra, que tú misma me pusiste.

Gregorio S. Díaz "Leyenda negra" 

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