Cántame. Cántame otra vez. Esa
melodía que me resquebraja cada uno de mis sentidos. Porque no solo la escucho y
te veo, sino que te siento muy adentro. Cántame desde tu casa hecha de bambú y
maderas de tierras lejanas. Cántame con tu saliva, que sabe a selva, océano y a
olas de su orilla. Cántame por lo que fue y no será más. Por el Imperio que
tuve y que se desmoronó y cayó por todo tu pecho. Por tus curvas que fueron el
final de lo que yo ya daba por hecho.
Cántame, de nuevo. Suéltame ese quejido, ese tono paradisíaco, que a mi
alma enciende y lleva mi pudor al infierno. Que me llena de pena y olvido.
Cántame con esa voz desgarrada, susurrándome al oído. Cántame, amor, y
embrújame con tu canto. Que una nueva maldición no quebrará este cuerpo
acostumbrado a ser objeto de males peores y eternos. Cántame lo que te escribo.
Cántame lo que yo te cuento. Cántame y dime que no me dejarás ninguna noche, de
esas en las que la Luna se apaga y no puedo ver el camino. Que tu luz me
quitará el miedo. Cántame y dime que estarás al despertar, cuando yo, quizá, no
esté ya.
Gregorio S. Díaz "Cántame"