Musas

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viernes, 22 de junio de 2018

Partisana.

Lloro por ti. Al escucharme cantando melodías de otro tiempo. Lloro por lo que fuimos. Por el hogar que nunca llegamos a construir. Es ahora, setenta y pico años después, cuando me acuerdo de ti. Y eso que ni recuerdo mi nombre ni quién fui. Solo tu pelo corto y claro ondeando al viento por los Balcanes, una sonrisa cálida en el lago. Una mirada tierna en el bosque. Otra pícara en la cabaña de madera. Tras eso, todo borroso. Negro.  Y comenzaron las botas a pisar fuerte nuestro suelo. Los disparos. La sangre y la muerte. En mis propias manos. En las tuyas. En las de todos. Daba auténtica claustrofobia aquel estrecho escondite. Había que hacer algo. Fusil en la mano, tu corazón también en mi pecho. A la guerrilla. Por eso no dudé en ir. Tenía que dejar un lugar mejor para ti, para los que vinieran detrás. Por eso me convertí en partisano. Y es por eso, también, que lloro con el ‘Bella Ciao’ tantos años después. Ya no somos aquellos dos. Yo debí morir en alguna escaramuza contra el mal. Tu quizá también lo hiciste. A pesar de todo, te guardo en la retina. Mis manos en tus senos blancos. Tu jadeo cuando me tuviste dentro. Tus lágrimas como puños, cuando me iba. Cuando sabías que era el final… ¡Ya no habría más paseos nocturnos! “Y si yo caigo en la guerrilla, te entregaré mi fusil”. Seguro que lo hiciste. Y les venciste. Tuviste que enterrarme. Vengarme. Sobreponerte. Mi heroína partisana…Aquella vida aún no se me olvida. En esta estás tan cerca y a la vez tan lejos, que hasta que no vuelva la amenaza, la guerrilla, la muerte y la esperanza, no nos volveremos a encontrar. Entonces, tú y yo, de nuevo, de la mano y compartiendo besos, lucharemos por la libertad…

Gregorio S. Díaz "Partisana"

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